sábado, 22 de marzo de 2014

Material reciclable

Botánica aplicada.


Somos hojas de un árbol que no crece, que empezó a marchitar hace tiempo. Somos su alimento y a la vez él nos alimenta; pero esa sincronía terminó.
Siendo el destino final, como fatal desenlace, el caer al suelo ya inertes, al menos nuestro cuerpo sirva de alimento para acrecentar las raíces aunque sea en forma de recuerdo, algo intangible pero mucho más nutritivo que muchos minerales. Le quitaremos un peso, seremos la poda que se sacrifica para darle fuerzas. Pero cuidado, cada hoja es un ser. Un ser capaz de sufrir cambios para adaptarse como lo hizo el cactus. Un ser capaz de alimentar la flor que se transforme en fruto y así intentar ser nosotros mismos un árbol dentro de esta selva, donde sólo algunos llegan a la luz y lo cubren todo.
¡¿Pero qué importa?! ¿Por qué no ver nuestras propias raíces y así proyectar nuestro follaje? ¿Qué árbol con raíces tan poco profundas y en cambio tan disgregadas y superficiales pretende soportar el peso de llegar tan alto? ¿O acaso no nos identificamos con el ombú?
Tal vez necesitemos aprender a ser en conjunto una hierba admirable y no un pequeño árbol de hojas caducas.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

No lustre ni embarre, sea realista