viernes, 28 de marzo de 2014

Trampas del lenguaje

Es curioso como el lenguaje, siendo la herramienta universal para la comunicación entre los humanos, tanto en forma verbal o escrita, necesita imperiosamente de un contexto y sufre tantos condicionamientos regionales.
Es el caso de esta palabras que hoy les acerco, pero extraídas del nuevo diccionario gauchesco que sufren de tal condición:

Arremangarse: pedirse prestado algo desde el caballo en movimiento.

Cantata: perro del abuelo.

Terciopelo: cada uno de los mechones de pelo de una trenza.

Respingada: cruza del vacuno y el equino.

Zafarrancho: casa precaria pero habitable.

Ayuntamiento: engaño deliberadamente a los bueyes del arado.

Hay algunos vocablos que denotan en su semiótica la raíz de otra lengua, fruto de la inmigración, y luego evidencian cierta deformación para amoldarse al uso local, como el caso de estas palabras "anglocamperas":

Escorpión: acompañante ocasional del empleado rural.

Mozambique: mujer en bicicleta.

Canalón: perro solitario.

Espero seguir encontrando estos casos en bibliografías especializadas y poder así compartirlas con todos vosotros.
Hasta pronto.

Fotos musicales

Uno de los pocos temas que grabó Guillermo Vilas, quien como cantante, fue un gran tenista.




sábado, 22 de marzo de 2014

Material reciclable

Botánica aplicada.


Somos hojas de un árbol que no crece, que empezó a marchitar hace tiempo. Somos su alimento y a la vez él nos alimenta; pero esa sincronía terminó.
Siendo el destino final, como fatal desenlace, el caer al suelo ya inertes, al menos nuestro cuerpo sirva de alimento para acrecentar las raíces aunque sea en forma de recuerdo, algo intangible pero mucho más nutritivo que muchos minerales. Le quitaremos un peso, seremos la poda que se sacrifica para darle fuerzas. Pero cuidado, cada hoja es un ser. Un ser capaz de sufrir cambios para adaptarse como lo hizo el cactus. Un ser capaz de alimentar la flor que se transforme en fruto y así intentar ser nosotros mismos un árbol dentro de esta selva, donde sólo algunos llegan a la luz y lo cubren todo.
¡¿Pero qué importa?! ¿Por qué no ver nuestras propias raíces y así proyectar nuestro follaje? ¿Qué árbol con raíces tan poco profundas y en cambio tan disgregadas y superficiales pretende soportar el peso de llegar tan alto? ¿O acaso no nos identificamos con el ombú?
Tal vez necesitemos aprender a ser en conjunto una hierba admirable y no un pequeño árbol de hojas caducas.


sábado, 8 de marzo de 2014

Sección poesía

Noches de ronda




Seis pájaros volando hacia el sur,
seis estrellas que se robó la noche.
Acaso golpean las puertas de un Universo
que escapa a nuestros ojos como su vuelo.
Inquietante búsqueda de una señal,
del señuelo que marcará el principio del fin
como letras sin papel, como notas sin sonido.
Dejarse llevar de la mano del alma
parecería ser el umbral de la vida.
Oír el llamado de la sangre
la razón de ser entre los mortales.
Pero transitamos un segundo de la eternidad
y el suelo nos abraza entre ecos
de sonidos huecos e intermitentes.
Una telaraña de sucesos que en verdad no suceden.
Un abanico de hechos trascendentes que no trascienden.
Una pava de lata que, en realidad, no calienta.
Cuán profundo es el abismo si no caemos
y cuán alto podemos llegar si no volamos.
Acertar, depende de nuestros sentidos.
El fracaso es darle sentido a lo nuestro.
Las señales nos azotan con vigor
en medio de una borrachera sensorial.
Y sólo en momentos de tenue sobriedad
somos capaces de alzar la vista hacia el cielo
y ver en la oscuridad de la medianoche
seis pájaros volando hacia el sur,
seis estrellas que se robó la noche.


Toti Gioia